domingo, 5 de noviembre de 2017

Tatuaje en el Shinkansen





Después de 12 horas de vuelo y mi cuerpo aún no tenía claro si debía estar despierto o dormido, aterricé en Tokyo Narita, uno de los aeropuertos con más tráfico del mundo. 

«Welcome to Japan»  es el primer cartel que vi en inglés al bajar del avión.



Después de pasar el largo, pero nada pesado control de pasaportes, me dirigí a la oficina de Japan Railpass para canjear mi pase de tren «21 días, verdad?» «si, así es»

Me esperaban unas 5 horas más de tren hasta llegar a Osaka, sin duda iba a ser "el día del transporte"
Tenía que cambiar de tren en otra estación, para pasar del Narita Express al Shinkansen con destino a Shin-Osaka, sencillo aparentemente, pero con muy poco tiempo, con lo que acabé corriendo porque aún no controlaba las indicaciones y casi perdí el tren.

El Shinkansen por dentro es un tren normal, pero su diseño exterior aerodinámico lo hace un tren realmente espectacular, me parece precioso.

Mi asiento iba numerado, con lo que me senté a disfrutar del paisaje, que es para mí uno de los mayores placeres de viajar en tren.
El vagón no iba muy lleno y los pocos viajeros que estaban en él hablaban muy bajito entre ellos, en los trenes japoneses está prohibido hablar por teléfono para que no molestes al resto de viajeros (igualito que en España...) con lo que aún parecía más vacío.

En la siguiente parada subió solo un chico, de mediana edad, pelo oscuro bastante corto y gafas de sol muy modernas, y se sentó justo en el asiento de delante.  Aunque me gusta observar a la gente, no presté más atención, aún no me había hecho a las diferencias culturales y no quería incomodar a nadie. Con lo que seguí mirando el paisaje que aunque pasaba rapidísimo, era muy novedoso para mí, ya que era mi primera vez en Japón.

Ya había pasado un rato y el chico se levantó para dejar su pequeña maleta en las bandejas superiores, se quitó la chaqueta y debajo de esta llevaba una camiseta de manga corta que dejaba ver los coloridos tatuajes de sus brazos. En uno de ellos un espectacular guerrero samurái cubría toda su piel hasta la muñeca.  El guerrero cuyo cuerpo, cabeza y brazos estaban protegidos por armaduras de acero y cuero sostenía una katana por cuya afiladísima hoja corrían gotas de brillante sangre roja.
El chico se giró de repente como si hubiera notado la presencia  hipnótica de mis ojos , disimulé cómo pude el sobresalto e hice como que estaba distraída.

Los tatuajes son muy poco comunes entre los japoneses, y están bastante mal vistos socialmente porque se asocian al crimen organizado, de hecho está prohibido entrar a los onsen (baños públicos japoneses) si se tiene uno.
Pero en España y el resto de Europa son muy comunes, hay verdaderas obras de arte en la piel, de mucho tipo y colorido, con lo que no le di más importancia.

Me levanté a pasear y a estirar las piernas, después de tantas horas de avión y de tren me sentía bastante atrofiada, pasé por delante de su asiento justo en el momento en el que cogía su bolsa de mano, lo que vi me dejó absolutamente petrificada, le faltaba la última falange del dedo meñique de la mano izquierda.
Se levantó bruscamente, me cogió del brazo y me dijo...

«Próxima parada Shin-Osaka»

Me despertó de golpe la voz de la megafonía del tren, me había quedado profundamente dormida, no había nadie en el vagón y mucho menos de la Yakuza...


Así comenzaba mi viaje a Japón.





                                                                                                                                                                                                                    Foto: Sputnik news

2 comentarios:

  1. Que buen post! He mantenido la tension hasta el final! Gran comienzo del que, espero, sean varios post sobre ese destino!

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias! Japón es un país fascinante, ¡Esto es solo el principio! ;)

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