lunes, 23 de octubre de 2017

Uluru - Kata Tjuta National Park, el sagrado outback australiano





Año 1996, son las 3 de la tarde y el sol cálido primaveral nos tiene adormecidos, toca clase de inglés. Abrimos el libro por la página 25, gramática y ejercicios, rutinario, nada nuevo; bueno, si, una imagen llama mi atención, en la esquina superior de la hoja, junto a koalas y canguros hay una fotografía de una gran roca rojiza, la profesora comienza a explicar, oigo su voz cada vez más lejana, en las antípodas, como aquel lugar. 

Nunca imagine en ese momento que 20 años más tarde mis dedos acariciarían aquella gran roca; mis ojos verían su tierra, tan rojiza como el atardecer; a mi olfato llegarían los aromas de las plantas transportadas por la suave brisa de la tarde; y mis oídos escucharían por primera vez la lengua de los Anangu.



Dos décadas más tarde, el Ayers Rock de los libros de texto pasaría a ser para mi uno de los lugares más especiales del planeta, el Uluru, el ombligo del mundo, un lugar sagrado en el corazón de Australia, en el centro del outback, el desierto australiano.

Semejante maravilla natural no podía ser si no Patrimonio de la Humanidad. Custodiado por la tribu Anangu, el Uluru es junto con Kata Tjuta, lugar sagrado para los aborígenes, el origen del universo. 

Kata Tjuta


Las tradiciones rituales celebradas allí han pasado de generación en generación. Aquellas rocas albergan las enseñanzas de la vida, solo legibles para los Anangu.
Solo ellos han vivido durante milenios en perfecta simbiosis con la naturaleza. Nadie la conoce y la entiende como ellos y a ellos ha vuelto después de años de lucha.



La Justicia es lenta y tardó en llegar a las poblaciones aborígenes más que el trayecto de los presos europeos a su destierro en Australia, pero llegó, devolviéndoles las tierras de sus antepasados, su tierra, y sus lugares sagrados.

En el Uluru se puede contemplar el atardecer más impresionante del planeta, la roca va cambiando de color conforme cae el sol y desde allí se ve también el cielo estrellado más bonito que han visto jamás mis ojos, pero no podemos olvidar que por encima de todo es un lugar sagrado.



«Si no te dejan subir a él no tiene nada de interesante, total es una roca gigante» me dijo alguien antes de ir. 
¿Te descolgarías por la cúpula de San Pedro del Vaticano? ¿O por la Kaaba en la Meca? ¿Escalarías por los Templos de Ankor? Quizá haya quien sí, pero parece una locura, ¿verdad? o más bien una falta de civismo y respeto.


Los Anangu no prohíben la subida al Uluru, ruegan encarecidamente que respetes su lugar más sagrado y no lo hagas. Son un pueblo de pocas palabras y consideran que cada uno sabe lo que está bien y está mal y debe actuar en consecuencia.
Son muchas las personas que han muerto o han tenido que ser ingresados en el hospital por intentar subir o bajar de lo alto de los 348 metros que mide la roca, algunos por caídas y resbalones, otros de un ataque al corazón por el esfuerzo. 




Olvida los selfies, deja el afán colonizador fuera de la maleta, escucha al guía anangu y siente las leyendas de su pueblo, tu equipaje volverá lleno de sabiduría milenaria.









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