domingo, 24 de septiembre de 2017

Viajar te hace más abierto y tolerante... ¡o no!




¿Viajar te hace más tolerante?

Viajar te hace más abierto y tolerante solo si estás dispuesto a ello. Viajar te da la posibilidad de serlo, es un regalo, pero como todos los regalos, hay que saber apreciarlo y agradecerlo.
La acción de viajar no te hace más tolerante porque sí, requiere de una participación activa del sujeto viajero, tú.
“Si fuera cierto que el viajar enseña, los revisores de billetes serían los hombres más sabios del mundo”, Santiago Rusiñol.

Para que ello pueda ocurrir y el viaje deje huella en nosotros, hay que olvidar los prejuicios, dejarlos fuera del equipaje y disponerse a aceptar y a abrirse a nuevas realidades, distintas a la tuya.
Como decía el escritor estadounidense James Michener, «Si rechazas la comida, ignoras las costumbres, temes la religión y evitas a la gente, es mejor que te quedes en casa»



Conozco a muchas personas con un pasaporte repleto de sellos, que mientras viajan siguen dentro de su universo local, encerrados en su realidad, la única que aceptan, conocen y quieren conocer;  haciendo observaciones negativas a todo lo que difiere de «su mundo». Cada uno de sus viajes es una oportunidad perdida, una ocasión para entender, empatizar y abrirse a nuevas formas de pensar, ver con otros ojos, sin juzgar, asimilar y hacer tuyo lo de los otros, un enriquecimiento de valor incalculable tirado completamente a la basura.
No quiere decir que no disfruten de los viajes (¡faltaría más! Cada uno disfruta de las cosas a su manera y no seré yo quien los juzgue, ni mucho menos), pero no permiten que lo diferente forme parte de su persona, el viaje les deja buenos momentos, pero no les deja poso.

Hace poco tiempo tuve ocasión de compartir unos días con un pequeño grupo de gente de países muy distintos, gente de Singapur, de Indonesia, de Hong Kong, de China, Tailandia, India, Australia, República Checa, Polonia y Suiza, un auténtico regalo que te ofrece la vida y que no puedes desperdiciar.
Compartimos trayecto, conversaciones, comidas y cenas, y además de reírme y pasarlo bien, comprobé que todos éramos mucho más similares de lo que podía imaginar; que nos importaban, preocupaban y alegraban  las mismas cosas y que la mayoría de veces, la sonrisa (además del inglés, claro, jaja) es la mejor herramienta de comunicación.
La mayoría del grupo aprovechamos este regalo que nos había brindado el destino, hablando de todo, de viajes, de la vida y hasta el amor, y prometimos volver a vernos pronto en algún rincón del mundo.


Aunque a varios de nosotros nos llamó poderosamente la atención que un miembro del grupo comía y viajaba con el resto pero de forma totalmente aislada. Mientras todos disfrutábamos de los bellos paisajes, comentábamos y compartíamos experiencias e impresiones, este chico llevaba permanentemente los auriculares puestos, escuchando música desde su móvil (su música de siempre, la misma que escucha cuando está en su casa) y con los ojos permanentemente pegados al aparato, leyendo las noticias de su periódico local y viendo vídeos y películas, en el tren, andando por la calle y ¡hasta comiendo!



Sin entrar a valorar si me parece o no una falta de educación (que ya te digo que si me lo parece) este chico ha recorrido miles de km, más de 12 horas de avión, para seguir haciendo lo que hace en su habitación, si salir de su mundo, sin mirar al exterior, ni dejar que un atisbo de otra realidad se introduzca en su burbuja, sellada completamente.



Una verdadera lástima, una oportunidad pérdida, fue a la conclusión a la que llegamos todos, de Europa a Australia, pasando por la India y Singapur.

Viajar te hace más abierto y tolerante... ¡o no!



1 comentario:

  1. Magnifica reflexión. Yo también he compartido viaje a Turquía con tres personas que no se relacionaron con los demás viajeros y mucho menos con los turcos, y además nada les venía bien...
    A mi me causan sentimientos encontrados, por una parte vergüenza ajena, mezclado con tristeza y por otra parte sentimientos de alegría al ser aventurera, por atreverme correr riesgos al experimentar tanto física como emocionalmente.

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